A diez años de su muerte, cuando su obra es revalorizada a nivel mundial y devorada por nuevas generaciones de lectores, hay quienes consideran a Puig un autor superficial y sin estilo. Una biografía consagratoria y este feroz artículo reavivan el debate.
MARIO VARGAS LLOSA
De todos los escritores que conocí, el que parecía menos interesado en la literatura fue Manuel Puig (1932-90). Nunca hablaba de autores o libros y, cuando la literatura se infiltraba en la conversación, se mostraba aburrido y cambiaba de tema. En Manuel Puig y la mujer araña, su biografía muy bien investigada y cuidadosamente documentada, Suzanne Jill Levine afirma que, en ciertos momentos de su vida, Puig leía mucho, pero su propio libro parece contradecirlo cuando recrea el contexto de su sujeto: las referencias más frecuentes son a películas, actrices, actuaciones y, muchas veces, a la música popular. Muy de vez en cuando aparecen algunos autores (por lo general la persona, no la obra). Un joven escritor argentino que lo visitó en Río de Janeiro se sorprendió al descubrir que en el departamento de Puig, donde tenía una videoteca de unas 3.000 películas, sólo había un puñado de libros; aparte de sus propios libros en español y sus versiones traducidas, el resto consistía, casi exclusivamente, en biografías de actrices y productores cinematográficos.
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