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LA ALQUIMIA DE LA CREACIÓN

PUIG POR PUIG
PUIG DECLARABA EN UNA CONVERSACIÓN CON JORGE BARHIL (1973, LA ALQUIMIA DE LA CREACIÓN)
„En la construcción de mis novelas los personajes existen siempre antes que el intento argumental.
Ambos protagonistas de The Buenos Aires Affair existieron, aunque vivieron sin llegar a conocerse. La novela es el relato de lo que se me ocurre a mí que habría sucedido si se hubieran encontrado.
Es un intento de indagar las razones de la imposibilidad de la protagonista para defenderse ante la aparición de un ser especial. Esa impotencia para toda respuesta ante la agresión que debe soportar.
En ellos dos personajes centrales, hay una identificación del placer sexual con la violencia. Esa es la razón que, me parece, les impide un encuentro real. A María Ester, la veo como un elemento más de confusión. Cuando todo tiende a encalmarse, aparece ella para desmoronarlo todo.
El episodio que relata la agresión a un ser que debe actuar con total indefensión –el homosexual- es un recurso que uso desde siempre. Creo que tiene más fuerza una escena, si se le dan al lector, nada más que los datos necesarios como para que él formule su propio juicio. Esa participación la estimo de necesidad. Si el lector siente la piedad del autor por un determinado personaje, se desentiende, porque ya hay alguien que asume la obligación de comprender. En cambio, si se habla con la misma frialdad de la víctima y del verdugo, tiene que hacerse cargo del problema y asumir su propia responsabilidad.
Yo pienso que la clase media es una clase en crisis en todo Occidente; que está, simplemente, tratando de sobrevivir. La insoportación (sic) con que vive los cambios en las costumbres y los valores estatuidos –su pérdida de vigencia- la sume en un estado de angustia inactiva. El ahorro, por ejemplo, y la represión sexual, que eran algunas de las columnas vertebrales en que se asentaba, se derrumbaban, sin que entienda dónde está la falla. Su destino de desaparición es, en el fondo, un acto de justicia.
En Europa, ciertas cuestiones sobre la clase media no estaban suficientemente claras. Tal vez eso haya creado allí el interés por mis libros. En la época en que transcurre la acción de Boquitas pintadas, esos valores de la clase media, no estaban en crisis, tenían plena vigencia. Pero me ocupé en demostrar cómo, al final de sus vidas, la gente que admite esos valores se siente decepcionada por el vivir de acuerdo a cálculos y no a necesidades.
En este momento en que los procesos políticos y de transformación son tan acelerados, una novela, que en mi caso tiene tres años de elaboración, hace que la interpretación de la realidad resulte anacrónica en el momento en que aparece. Por esa razón, la narrativa no puede pretender modificar nada, en lo inmediato; le falta el dinamismo necesario. Esa es tarea del periodismo. Un periodismo que debe ser analíticamente comprensivo y sobre todo serio.
La obra no debe ser contemporánea del experimento literario, sino su resultante. El experimento como obra final, me parece un recurso muy fácil. Un gran introductor de confusiones. Creo en los narradores. Por eso siento una especial delectación por la cinematografía de los años 30 y 40. Por su calidad de narración, que no requería del espectador una información ni una formación previa. Y no es que se tratara solamente de formas, del escapismo y de la evasión. Hoy hay películas y series de televisión, únicamente evasivas, cuyo tratamiento las hace inaguantables. Lo que en realidad falta, no importa el hecho ni la tesis que se intente, es la magia de la narración, algo así como la fórmula secreta de un estilo válido. Supongo que en los intentos de búsqueda actuales, se olvida ese hecho fundamental: la capacidad para relatar.
Toda la censura es confusa y peligrosa.
Tengo una cuestión con Jorge Luis Borges que hace estrictamente a la literatura. Pienso, por otra parte, que muchas de las cosas que dice provienen de una falta de información, del hecho de estar mal rodeado; tiene, además, el problema de su ceguera... Pero cuando, durante el Onganiato, en el año 1967, se apoyó desde el gobierno un intento de aplicación de la censura previa, se quemaron libros y se hicieron cosas delirantes como secuestrar ediciones españolas sobre marxismo, Borges hizo una declaración a favor de la censura. Dijo que Walt Withman no hubiera logrado ciertas paráfrasis maravillosas, de no haber existido una censura que le vedaba las referencias directas.
Lo feo es que hacía una defensa ingeniosa y llena de gracia de la censura, quedándose en la superficialidad de tan grave problema.
Va a ser bravo este año literario de 1973. A la aparición anunciada de un libro que significa la vuelta a la literatura fantástica de Adolfo Bioy Casares, se suma la edición de nuevos cuentos de J.L.Borges y la irrupción de dos jóvenes que presiento importantes: Luis Guzmán con su ya publicado libro El frasquito y Osvaldo Lamborghini.

Un destino melodramático