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No es posible reinstalar una lectura sobre Puig sobre la valoración definitiva que postularía la necesidad de resolver la tensión entre lo trivial y lo sublime; esa tensión constituye el centro de la discusión sobre la inestabilidad del valor y como tal no es aleatoria sino constitutiva. Para nosotros, siguiendo a Silvia Delfino, una indagación a las contradicciones del arte debe incluir una referencia a las nociones de inestabilidad, contingencia y crisis. Si los desplazamientos entre los impulsos por diferenciarse e integrarse son la base del funcionamiento de la trivialidad “lo que determina el sentimiento de lo trivial es que exigiéndose de un objeto un sello distintivo y personal, resulta luego que no lo tiene, que está repetido, sometido al régimen de circulación de las mercancías.”(99). Hemos referido en varias oportunidades a las evidencias críticas por las que lo íntimo es derogado por la reproducción de las hablas sociales en la obra de Puig. Pero creemos que esa derogación es significativa en la medida en que sensibiliza y funciona como filtro de la amenaza y del engaño. En tanto que tal, anticipa la lógica del sacrificio que los intelectuales argentinos han utilizado, más de una vez, para definir su vínculo con el mercado y su propia obra.
Al respecto me interesan dos aspectos. Aquel por el que el fracaso de las expectativas y la desauratización de la obra de arte incluye una pregunta sobre la conexión entre el oscurecimiento de las condiciones de producción y las ambivalencias del arte en los reclamos del modernismo y la vanguardia. En términos de Delfino:
“primero, del lenguaje como material social colectivo; segundo, de la peculiaridad de su trabajo sobre el lenguaje (lo singular de la técnica artística permite tanto la opacidad de los materiales como la desaumatización de la percepción y la consecuente singularización de los objetos); tercero, una crítica de las relaciones cosificadas de la vida cotidiana y, por último, una denuncia de la vulgaridad de la burguesía que hace de esa distinción un valor y, por lo tanto, un equivalente comerciable.” (104)
El otro aspecto es aquel por el que recorrer la obra de Puig en los 70 significa reconocer que su distintividad y su rareza intercepta necesariamente con debates sobre mercancía de los que no se mantuvo aparte, pero que lo hablan más allá de él mismo. Quizás entre el “repetir-producir equivalencias”y el “distinguir-producir jerarquías”, Puig logró como ninguno producir una idea de intimidad como forma, y no como contenido, entre imitar y distinguirse, que configuró no sólo un conjunto de equivalencias sobre el gusto como sensibilidad sino que definió los modos de interrogarse sobre las emociones a las que está adherido cualquier juicio.
Notas:
1- Para una profundización de este proceso y de los debates críticos del momento Cfr. Pablo Barauil, “Literatura y revolución. La recepción de Puig en las revistas Los libros y Crisis”y Miguel Dalmaroni, “Todo argentino es héroe de Boquitas” (Amícola 1998).
2- Francine Masiello (1998) señala cuando lee el robo de la manta en Cae la noche tropical (1988) aquella tradición de la literatura argentina que consiste en el robo como motor de la acción, como modo o cohartada por la que el sujeto se de su propio relato. En tal sentido, el escamoteo es uno de los modos de conceptualizar la inestabilidad del corpus Puig entre el robo de la carta que hace Berto en La traición y el de la manta en su última novela.
3- Puig se escribe, como intentamos demostrar, al lado de un aparato crítico de desciframiento que es histórico y depende de un estado de la teoría. La hipótesis de la alienación por los medios de comunicación de Schmucler es correlativamente reemplazada por las inflexiones del discurso crítico hasta llegar a la de Pauls, en la que varía el carácter y concepción de los medios y de su capacidad manipulatoria.
4- Al respecto ver Jorge Panesi (1985) en su análisis del “discurso de la dependencia”como inflexión en los discursos universitarios a partir de 1970 y hasta 1974. Para Panesi, el “discurso de la dependencia” vincula tanto una respuesta a la ampliación de los públicos lectores producto del peronismo, como un tipo de mirada sobre los objetos culturales, estéticos e industriales que se producen en el periodo. La economía de distancias, propone Panesi, permite vincular nuevos intereses entre la esfera política y la esfera cultural, a los fines de estabilizar las nociones de valor, cultura y de trabajo crítico.
5- Al respecto cfr. con la propuesta de María Elena Legaz (1995) donde discute con el capítulo “Aberración sexual y violencia política” de Fernando Reati. También con las expresiones del mismo Puig respecto de por qué matar a Molina y salvar a Valentín en la ficción: “la pulsión de muerte, el deseo de terminar con algo” de Molina, en la medida en que se articula no sobre su condición de homosexual, sino sobre una organización de saberes donde se salvan “los muy inocentes”o los “muy refinados”; por otro lado, la “pansexualidad” como modo de conceptualizar una sexualidad expandida que, sin embargo, no corresponde ni con la identidad y con la motivación de los personajes. En el Seminario de la Universidad de Gottingen-1981 (Amícola 1992: 262-263)
6 Beatriz Sarlo Sabajanes y Carlos Altamirano “Acerca de política y cultura en la Argentina”, Los libros, enero-febrero 1974, nº 33 (18-24)
7- En verdad, la hipótesis es más compleja y tiene un factor previo: la organización del estado liberal y sus escrituras: “la literatura ensayística y la política programática o propagandística”, a partir de las cuales se funda el programa político sobre la base de retóricas propias a la literatura (Sarmiento). Esas escrituras ocultan, básicamente, el carácter dependiente de la cultura argentina a la vez que generan los mecanismos de consenso y legitimación que atraviesan el estado liberal del ’80. Lo que interesa, entonces, es el modo en que el populismo no advierte que la burguesía no importaba meramente esos valores, sino que “los reformulaba a partir de los concretos problemas políticos y sociales de los que debía hacerse cargo en su gestión”.
8- Beatriz Sarlo “Cortázar, Sábato, Puig: ¿parodia o reportaje?”, Los libros, julio-agosto, 1974 (32-33).
9- El razonamiento de Sarlo merece atención particular: “Puig intentó escribir proponiéndose un procedimiento, un artificio que funcionara como evocación de algo que el relato no es, se convirtiera en primer plano de lectura de la novela. Fracasado el artificio, desaparece el relato, se revela la inutilidad y la inconsistencia de lo narrado: la especie se agota en la parodia, y al mismo tiempo la parodia no logra el reconocimiento del objeto parodiado.”(33) El subrayado es mío.
10- Como ejemplo vale señalar el artículo de Beatriz Sarlo “Saer, Tizón y Conti. Tres novelas argentinas”, Los libros, Nº 44, enero-febrero de 1976 (3-6), en el que se proponen dos tendencias alrededor del núcleo “marginalidad y literatura”.
Bibliografía
Amícola, José (1992) Manuel Puig y la tela que atrapa al lector, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano
Amícola, José y Speranza, Graciela (1998) Encuentro Internacional Manuel Puig, Rosario, Beatriz Viterbo
Delfino, Silvia (1997) “La trivialidad de lo sublime” in XYZ. Revista de Comunicación, Año I, nº 1, febrero (99-146)
Echavarren, Roberto (1998) “Identidad vs. vapor”, in Amícola y Speranza (245-258)
Legaz, María Elena (1995) “El rostro de la mujer araña” in Manuel Puig y Los ochenta, Publicación del Seminario Anual de Literatura Argentina, Universidad Nacional de Córdoba, Nº2, setiembre (7-25)
Masiello, Francine (1998) “La manta robada: nostalgia, experiencia y representación”, in Amícola y Speranza, (341-334)
Panesi, Jorge (1985) “La crítica argentina y el discurso de la dependencia”. Filología, Buenos Aires, XX (171-195)
Pauls, Alan (1985) Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth, Buenos Aires, Librería Hachette.
Romero, Julia (1998) “Estéticas consagradas y marginales...”, in Amícola y Speranza (42-50)
Obras consultadas de Manuel Puig
La traición de Rita Hayworth (1974) Buenos Aires, Sudamericana
Boquitas pintadas (1969) Buenos Aires, Sudamericana
The Buenos Aires Affair (1982) Barcelona, Seix Barral
El beso de la mujer araña (1990) Barcelona, Seix Barral