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‘SEXUALIDAD Y REVOLUCIÓN’: EN TORNO A LAS NOTAS DE

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

Daniel Balderston

University of Iowa

Cualquier lector de El beso de la mujer araña recordará - tal vez con irritación, tal vez con interés - las ocho largas notas sobre teorías de la homosexualidad. Dichas notas, que culminan en las revelaciones del vínculo entre revolución y liberación gay propuestas en el libro Sexualidad y revolución de la doctora danesa Anneli Taube, acompañan gran parte del diálogo entre Molina y Arregui, y su presencia en el texto configura uno de los mayores puntos de diversidad de opinión sobre la novela, y de dificultad crítica en torno a su coherencia como texto.[1] Evidentemente acompañan solo una parte del diálogo Molina-Arregui, ya que no hay una serie de otras notas sobre teoría marxista ni praxis de la guerrilla urbana.

En este estudio propongo estudiar el uso que hace Puig de diversas fuentes sobre teorías de la homosexualidad y del papel de la liberación gay en el cambio social más generalizado, y describir hasta donde se pueda saber la génesis de las notas,[2] sus fuentes en la vasta literatura sobre el tema, y su función en la novela. Mi tesis es que las notas configuran un breve tratado sobre la sexualidad, que enfoca sobre todo la relación entre la liberación sexual y el cambio social en general, y que ese tratado merece leerse como tal, y en su totalidad, no apenas en contrapunto a la “acción principal” de la novela que ocurre en la parte de arriba. Ya que Puig era famoso por sus esfuerzos de eliminar al narrador (a diferencia de sus coetáneos del “Boom”, narradores muy conscientes de - y complacidos con - la función de voz central y poderosa en el texto), las notas ofrecen un modo de acceso casi único al punto de vista de su autor.

Pero sería conveniente primero repasar el contenido de las ocho notas en cuestión (no voy a comentar una novena nota, la que completa la trama de la supuesta película nazi, porque nada tiene que ver con el proyecto de las notas sobre homosexualidad, y entabla una relación muy distinta con el “texto de arriba” como lo llama Lucille Kerr). La primera (pp. 66-68 de la edición príncipe de Seix Barral, Barcelona, 1976) resume tres teorías sobre el origen físico de la homosexualidad (desequilibrio hormonal, intersexualidad, factores hereditarios), y las refutaciones de dichas teorías por el psicólogo inglés D. J. West. La segunda (pp. 102-03) resume tres “teorías del vulgo” sobre el origen psíquico de la homosexualidad (teorías de la seducción, de la segregación y de la perversión), y termina con las teorías de Sigmund Freud con respecto a su origen en la infancia. La tercera (pp. 133-35) continúa con la discusión de Freud (y de algunos seguidores más o menos ortodoxos de él, como Anna Freud) sobre la psicología del niño, la libido infantil, la bisexualidad original y la función de la represión. La cuarta (pp. 141-43) se ocupa de la idea ortodoxa freudiana de que la homosexualidad se debe a una excesiva identificación del niño con la madre. La quinta (pp. 154-55) enfoca la función de la dominación patriarcal en el funcionamiento de la represión, mencionando por primera vez a freudianos heterodoxos - Reich, Marcuse, Norman O. Brown - y al ideólogo australiano de la liberación gay, Dennis Altman. La sexta (pp. 168-71) discute la fortuna crítica de la idea freudiana de la sublimación en estos mismos heterodoxos, y abre la discusión de un nuevo tema: la posible función de la liberación sexual en el cambio social. La séptima (pp. 199-200) recuerda que Freud no aprobaba el rechazo social al que está sujeto el homosexual (y cita su conocida “Carta a una madre norteamericana”), y propone que si se liberara la “perversión polimorfa” original, eso produciría fuertes cambios en la sociedad, en los papeles sexuales y en la liberación humana en general. La octava y última (pp. 209-11) aboga de nuevo por la liberación de la “perversión polimorfa” (mencionando a Marcuse y a Brown en sus interpretaciones de Freud), recuerda que Fenichel dice que en la actualidad los únicos papeles sexuales son los imitados de la madre y del padre, y termina con una extensa discusión de las ideas de la doctora Taube sobre el vínculo entre liberación sexual y revolución.

Las ocho notas, entonces, recorren una gama muy amplia del pensamiento de este siglo en torno a la dialéctica de la opresión y la liberación sexuales. Se citan un total de veintiséis autoridades - desde Freud y Lenin a la doctora Taube - y un total de treinta y un textos (se citan cinco textos de Freud y dos de Marcuse). Este extenso tratado sobre la liberación sexual llama la atención por la aparente diversidad de las fuentes - por un lado - y por su fuerte tesis final: la liberación sexual en general, y la liberación gay en específico, son partes esenciales del anhelado cambio social, y hay nexos fuertes - Lenin, Marcuse, Taube - entre ideas de la liberación sexual y el pensamiento marxista.[3]

Tal acopio de autoridades, citas, resúmenes y textos sugiere amplia investigación. Sin embargo, un examen cuidadoso de las citas y pasajes resumidos de los veintiséis autores revela que - con tres excepciones - todos ya estaban citados en las dos fuentes más utilizadas, Homosexuality del psicólogo inglés D. J. West (1967) y Homosexual Oppression and Liberation del politólogo australiano Dennis Altman (1971). La primera excepción es el libro de memorias de C. S. Lewis Surprised by Joy, que incluye descripciones de las prácticas homosexuales en escuelas inglesas de internado (una situación paralela a la de los prisioneros en la novela, y de prisioneros en general, tan frecuentados por los estudiosos del tema). La segunda es una referencia a La interpretación de los sueños de Freud, pero en realidad las ideas referidas están resumidas en West (pero con referencia a otros textos de Freud). La tercera es la discusión de las ideas de la doctora Taube, por razones ya reveladas por Lucille Kerr en su libro sobre Puig: que dicha autoridad es nuestro autor travestido. En términos generales, las notas 1 a 4 remiten al libro de West, y las notas 5 a 8 al libro de Altman, pero hay algunas excepciones a ese esquema. En todo caso, los resúmenes de los estudios sociológicos y psicológicos provienen en su gran mayoría de West, y las discusiones de los freudianos heterodoxos (Reich, Marcuse, Brown), los ideólogos de la revolución sexual y de la contracultura (Millett, Roszak), e incluso la referencia a las ideas de Lenin en torno a la liberación sexual, provienen de Altman. Lo curioso del uso de estas dos fuentes es que el libro de West es duramente condenado por Altman por su uso del lenguaje de las ciencias sociales de los sesenta: West utiliza sin aparente ironía términos descriptivos que implican un fuerte juicio moral: “normal”, “perverso”, “desviado”. Altman comenta: “however able a psychologist West may be, he is a poor logician, and a man too apt to confuse social prejudice with natural laws” (48), y más adelante: “his use of words like ‘natural,’ ‘perversion,’ etc. powerfully reinforce conventional morality. . . . Like too many psychologists, West is strongly conformist, even where his own expert knowledge tells him that social norms are not necessarily sensible” (49). Por su modo de utilizar a West sobre todo al principio de las notas (las teorías sobre el origen de la homosexualidad) y de dejar a Altman para la segunda mitad de su pequeño tratado, Puig parece estar de acuerdo con este: privilegia las opiniones de Altman sobre la liberación gay y la transformación social sobre las más convencionales o conformistas de West sobre el origen de la homosexualidad. Lo que le interesa en última instancia no es lo que el homosexual es sino lo que podría ser.

Hay una profunda desigualdad en la importancia de los textos citados en las notas (o mejor dicho, citados en segundo grado, por ya estar citados en West y Altman). Uno siente un poco de vergüenza ajena al topar con la cita de Theodore Roszak (sobre la mujer que está dentro de cada hombre, pidiendo ser liberada); su libro sobre la formación de la contracultura en Estados Unidos (publicado en 1969) es muy de la época, y totalmente ilegible ahora. Entonces es reconfortante pensar que Puig no necesariamente leyó a Roszak (sino a Altman, quien lo cita), pero la verdad es que es muy probable que lo haya leído, porque era imposible vivir en Estados Unidos y seguir las discusiones seudo-intelectuales de la época sin leer a Roszak. (Por lo menos no cita a The Greening of America, que es mucho peor, y que apareció primero en The New Yorker.)

En muchas instancias, al cotejar las citas o los resúmenes en las notas con los textos citados en West y Altman, se observan pequeñas simplificaciones de títulos, tergiversaciones de opiniones, colapso de dos o tres autoridades en una. Por ejemplo, en la primera nota se resume al doctor Foss, de su artículo “La influencia de andrógenos urinarios en la sexualidad de la mujer”, en las siguientes palabras:

las grandes cantidades de hormonas masculinas administradas a mujeres producen sí un notable cambio en dirección a la masculinidad, pero solo en lo que concierne el aspecto físico: voz más profunda, barba, disminución de senos, crecimiento del clítoris, etc. En cuanto al apetito sexual, aumenta, pero continúa siendo normalmente femenino, es decir que el objeto de su deseo sigue siendo el hombre, claro está si no se trata de una mujer ya con costumbres lesbianas. (66)

Esta es una traducción casi completa del trozo siguiente de West:

The effect of large doses of androgens on women is well known as a result of naturally occuring adrenal tumours, which secret excessive amounts of androgens, and because big doses of androgens have been given as treatment for certain cancers. The woman’s appearance undergoes a striking change in the direction of masculinity. The voice deepens, a beard grows, breasts regress, clitoris enlarges, features coarsen, and feminine fat disappears.
Sexual desire usually increases, but remains normal feminine desire, unless of course lesbian inclinations were already present. (158, nosotros subrayamos)


Aparte de las pequeñas supresiones en la traducción de Puig (y de la aclaración que el deseo “normal” femenino se dirige hacia el hombre, que no está en el original), lo interesante de este ejemplo es que West se refiere en su nota no solo a G. L. Foss, “The influence of androgens on sexuality in women”, sino también a dos otras fuentes: R. B. Greenblatt, “Hormonal factors in libido”, y W. H. Masters y D. T. Magallon, “Androgen administration in the post-menopausal woman”. Es decir que Puig simplifica el aparato crítico, refiriéndose a solo uno de los tres artículos. En la misma nota, cuando se refiere al doctor Swyer, autor de “Homosexualidad, los aspectos endocrinológicos”, parafrasea material que está en la página 159 de West, pero derivado del trabajo de un tal C. A. Wright, autor del artículo “Endocrine aspects of homosexuality.” Otros ejemplos muestran igualmente este tipo de pequeño error, de modo de confirmar la hipótesis de que la investigación bibliográfica sobre el tema fue mínima, aparte de los dos libros ya citados.

El caso de la “doctor” Taube es interesante, no solo por el hecho de que el autor se disfraza de mujer, sino por la gran semejanza de sus ideas y las de Altman. El australiano, como la danesa, ven el movimiento de liberación gay como paralelo a - y solidario con - los movimientos de liberación femenina y de poder negro, y como parte de un frente unido más amplio todavía. Utilizan los dos el lenguaje de la nueva izquierda de los sesenta y setenta. Incluso el autor nota (p. 210) las semejanzas entre las ideas de Taube y de Altman. La doctora Taube dice que el niño homosexual es un futuro revolucionario: el rechazo que el niño muy sensible puede experimentar con respecto a un padre opresor - símbolo de la actitud masculina autoritaria y violenta--, es de naturaleza consciente” (209). Es interesante notar que Taube es “pichón” o “paloma” en alemán, posible referencia al conocido psicoanalista argentino Marcelo Pichon Riviere, y también al uso de “pichón” como término de cariño, pero el apellido recuerda también una palabra posiblemente claves: tabú. La doctora es danesa, supongo, por la célebre primera operación de cambio de sexo, la de Christine Jörgensen, que se hizo en Dinamarca en 1952, un recuerdo invocado a la hora en que el autor cambia de sexo.

Las ideas de Taube/Altman sobre la revolución sexual y la perversión polimorfa posibilitan el acercamiento de Molina y Arregui, y su cambio de papeles a lo largo de la novela: lectura de los textos “de abajo” posibilitan cambios “arriba”. En este juego de “abajo” y “arriba”, como ya lo llamó Kerr, hay una interesante inversión de papeles: si el papel del macho (arriba, “lector cómplice”) sujeta al de hembra (abajo, “lector hembra”), Puig utiliza estas notas, e inventa la autoridad de la doctora Taube, para desestabilizar este esquema.

Un ejemplo final del uso de las fuentes, ahora con respecto al tema de la revolución sexual. Puig escribe: “Marcuse señala que la función social del homosexual es análoga a la del filósofo crítico, ya que su sola presencia resulta un señalador constante de la parte reprimida de la sociedad” (p. 199). Esto proviene de Altman, quien resume: a Paul A. Robinson, autor del libro The Freudian Left, sobre Reich, Roheim y Marcuse: “Robinson interprets some of [Marcuse’s] writings as suggesting that ‘in a certain sense, then, the social function of the homosexual was analagous to that of the critical philosopher” (65) (la cita viene de Robinson, 208). Aquí sin duda Marcuse está pensando en la famosa frase de Marx: “Los filósofos apenas han interpretado el mundo de diversas maneras, pero la tarea verdadera es cambiarlo”. En las diversas entonaciones de la misma idea está la continuidad pero también la ruptura: es obvio que Marx no habría afirmado que el homosexual es el “filósofo crítico”, el rebelde consciente, el héroe de la historia.

Por eso hay una serie de notas y no dos. El filósofo crítico del diálogo en la celda no es Valentín Arregui sino el aparentemente frívolo Luis Molina. Necesita de la voz del otro, como de sus oídos, para elaborar su dialéctica. Es la voz de abajo, la voz del lector o espectador voluntariosamente hembra - Taube, Marcuse, Freud, incluso Lenin, y sin duda Puig - la que viene a protagonizar esta historia, una historia donde lo privado es público, donde lo personal es lo político.

Un examen del material manuscrito y mecanografiado revela que el primer escrito que tiene que ver con las notas es sin duda una lista de citas de Freud, Fenichel, Marcuse y muchos otros, derivadas de las lecturas que hizo Puig de West, Altman y otros. Estas citas se mecanografiaron, y después fueron identificadas en la letra manuscrita de Puig con una serie de códigos: a, b, c etcétera (a través del alfabeto entero), para luego recomenzar con a’, b’, c’ y así sucesivamente. (Que las citas fueron recogidas primero y organizadas en las notas después se establece por el hecho de que su orden en las notas es muy diferente al de la colección de citas: la quinta nota, por ejemplo, contiene citas en el siguiente orden: k - l - b - e - j - d - h - ñ - o - t - u.) Después hay una serie de páginas manuscritas donde Puig lucha con el ordenamiento del material, y con el problema de la relación entre el material de las notas y los respectivos capítulos de la novela. Un documento crucial es un esquema de los primeros once capítulos que reza:

1 - Pantera A

2 - Pantera B (y Jane)

3 - Leni A (y mozo) - > p. 47 Homo I {teorías 3 que termina con consenso de causas psic.

4 - Leni B, dolores SHE

5 - Self Cottage - > Vulgo y start psic.

6 - 50’s guerrilla, dolores HE

Madre She, He’s film - > Edipo

7 - “Mi carta” - Dolores HE, He’s film --> Narcisismo ¿Anal?

8 - Director --> Represión I

9 - Comida, Mejoría, Zombies A, carta dictada, lava - > Rep. II

10 - Salud HE, Zombies B

Desplante He por mimos --> Rep. III

11 - Director - Vuelve She triste --> Corolario

ME alone!!!

· Nombre INVENTADO PARA DEDUCCION Rechazo Imagen Represor

Este esquema es en lo esencial el de la novela que se publicó posteriormente, aunque abarca apenas once de los dieciséis capítulos. HE y SHE son Arregui y Molina respectivamente, y ya se indica las películas que se van a narrar.[4] La importancia del borrador reside en el papel estructurador central que jugaron las notas - resumidas en la columna derecha después de las flechas - desde una etapa temprana del proyecto. El resumen de las notas es tal vez más claro que el resumen de la acción principal: “Director - Vuelve SHE triste”, por ejemplo, apenas sirve para dar una idea del capítulo en que Molina y Arregui hacen el amor por primera vez. También es de gran interés el hecho de que los últimos cinco capítulos, que incluyen los preparativos para la liberación de Molina, la película cabaretera mexicana, la excarcelación y muerte de Molina, y la fantasía de Arregui después de la sesión de tortura, estén completamente ausentes: en el momento de hacer el esquema, lo que le interesaba a Puig era la relación entre las notas y la acción principal, y las notas terminan en el capítulo once. También es delicioso el hecho de que Puig anotara, con respecto a la doctora Taube, “ME alone!!!!” y “Nombre INVENTADO PARA DEDUCCION”.

La próxima etapa en la composición de las notas es una versión mecanografiada de las primeras siete, a veces con muchas correcciones manuscritas y/o flechas para alterar el orden de los párrafos. La octava nota, la que versa en torno a las teorías de la doctora Taube sobre las relaciones entre liberación sexual y revolución, existe no en versión mecanografiada sino en manuscrito, porque aquí Puig no podía trabajar directamente de su lista mecanografiada de citas sino de ideas de su propia cosecha. El manuscrito es mucho más caótico que las versiones mecanografiadas de las otras notas, y demuestran que hubo intensa reescritura de esta sección.

Roberto Echavarren, en un artículo agudo sobre El beso publicado en 1978, a apenas dos años de la publicación de la novela, se pregunta hacia el final, en una sección que tiene que ver con las notas, si la novela podría considerarse didáctica. Echavarren explica:

Tal vez [las notas] irriten a ciertos lectores, tal vez resulten en parte superfluas a otros. El propósito fundamental de las notas es enriquecer la visión de la homosexualidad abriendo un campo de posibilidades que rebasa las características concretas del personaje Molina. (1978: [VÉASE ENTRADA 67 DE LA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA FINAL Y EL ARTÍCULO REPRODUCIDO EN ESTE MISMO VOLUMEN:], p. 74)

Y agrega: “Quizá la mayor ventaja de las notas es la distancia que establecen entre una homosexualidad ‘posible’ y el ‘modelo reducido’ de la homosexualidad de Molina” (75). José Amícola afirma en términos semejantes que “las notas tienen la cualidad de establecer una connivencia con el lector mediante un efecto de ruptura de la ilusión que, a la manera brechtiana, permite considerar el problema desde la perspectiva de una equidistante lectura racional” (Amícola, 1992: 95 [VER ENTRADA 16 DE LA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA FINAL]), mientras Elías Miguel Muñoz las llama un “texto científico” (1987: 71 [VER ENTRADA 34 DE LA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA FINAL]). Juan Pablo Dabove ha escrito lo siguiente en un libro sobre la novela titulado La forma del destino:

los personajes viven un conflicto de naturaleza afectiva, política, sexual. Por lo mismo, desconocen las variables fundamentales que en él se articulan, las repeticiones, las comunidades históricas. El saber eminentemente libresco que las notas exhiben cumpliría la función de distanciar al lector de la trama, de mostrar a la luz de las diversas disciplinas constituidas aquello que los protagonistas no ven, ampliar y relativizar los términos del debate o el amor que entre ellos se suscita. (Dabove, 1994: 14 n. [VER ENTRADA 17 DE LA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA FINAL])

El problema con estas lecturas, varias de las cuales utilizan implícita o explícitamente el concepto brechtiano del

distanciamiento, es que la perspectiva de abajo que abren las notas, y que suplementa el discurso de Molina, apenas se puede describir como “objetivo” o “racional” si uno las lee como si fueran notas a un artículo o libro crítico. Roxana Páez deja la posibilidad de una lectura más rica de las notas cuando dice que estas

reintroducen fantasmáticamente lo que Puig reprime, el narrador, que deviene Puig mismo con una postura que no deja resquicios librados al lector. Enriquecen la narración/relación, porque la apostrofan o la contradicen. Y por momentos, de tan brechtianas, las interrupciones se vuelven cómicas. (1995: 77 [VER ENTRADA 35 DE LA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA FINAL])

Y los comentarios de Julia Romero también son pertinentes:

La nota de Anneli Taube, incluida en el mismo capítulo donde los personajes llegan a la consumación sexual, deja ver la ironía: el perverso polimorfo no es Molina, sino el viril Valentín.[5]

SugiereJulia Romero que el texto subvierte la jerarquía de “hombre fuerte” y “mujer débil” a través de los comentarios de Taube, la misma subversión del “texto de arriba” por el “de abajo” que he mencionado anteriormente.

Notas en un texto ficcional, como ha afirmado Shari Benstock en un excelente artículo de 1983, tienen una dimensión diferente, y muchas veces subversiva:

footnotes in fictional texts do not necessarily follow the rules that govern annotation in critical texts: they may or may not provide citation, explication, elaboration, or definition for an aspect of the text; they may or may not follow “standard form”; they may or may not be subordinate to the text to which they are appended. Most significant, they belong to a fictional universe, stem from a creative act rather than a critical one, and direct themselves toward the fiction and never toward an external construct, even when they cite “real” works in the world outside the particular fiction. The referential and marginal features of these notes serve a specifically hermeneutic function; to the extent that notations in fictional texts negotiate the distance between writer and reader, they do so in terms that differ radically from those of scholarly discourse. (204-05)

Aunque Benstock da como ejemplos el uso de notas en novelas de Fielding, Sterne, Joyce y Nabokov, y nunca se refiere a Puig (como tampoco menciona a Borges ni a Roa Bastos), sus ideas son útiles para corregir las de Echavarren, Amícola, Muñoz y Dabove, quienes todos dan por sentado que las notas responden a un modelo científico. El tratado sobre sexualidad y revolución que son las notas de El beso se acercan más a la tradición que parodia a lo científico que conocemos de los escritos de Swift, Sterne y Borges que a la “equidistante lectura racional” que invoca Amícola, y lo prueba el momento en que Puig se disfraza de la voz y cuerpo femininos de Anneli Taube. Como Benstock afirma al final de su artículo:

Because footnotes in fiction cannot serve the ends they serve in the scholarly tradition, they parody the notational convention and draw attention to the faulted authority present in all such structures, most especially those employed by scholars. Language always embodies both authority and the threat to authority; it is always a dialogue between self and other; it is always turned back on itself. The very fact of writing both extends and undercuts the claims of language. Thus footnotes in any text, whether scholarly or fictional, illustrate the rhetorical double bind that keeps all language at the margin of discourse. (220)

El cambio de sexo por el que pasa Manuel Puig al final de su tratado sobre la sexualidad (paródico por lo menos en parte) señala que la autoridad sí puede cuestionarse y volverse al revés, tanto en el “texto de abajo” como en el “de arriba”.

 

Bibliografía