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Máscaras y mitos
Manuel Puig: las máscaras y los mitos en la noche tropical
Bella Jozef
Universidad Federal de Rio de Janeiro
La modernidad, al cuestionar el proceso de creación y al reflexionar acerca del quehacer literario, también cuestiona la posición del artista en una sociedad de consumo. La ficción contemporánea se libera, así, de la pretensión de " verdad " y, minando la realidad, se vuelve más cercana a ella, afirmando una cultura y definiendo una identidad.
En el siglo XX, la cultura de masas penetra en el Occidente. Nuevos instrumentos de comunicación, respondiendo a la demanda de sectores emergentes de la clase media y trabajadoras, hacen surgir nuevos lenguajes. Con el advenimiento de la era industrial se establecen en la Historia contemporánea una civilización de los "mass media" y el consecuente debate de los sistemas de valores.
La función normativa de la literatura de masas es ajustar la conciencia del individuo al mundo, pero con sentido lúdico. Por eso, trabaja con formas ya conocidas y con elementos mitológicos, incluyendo en su universo la novela policial, la science fiction, la telenovela y, en particular, formas históricamente homologadas, como el folletín, cuyas características de cultura de masa en contraposición a la tradición "literaria" podemos observar en Manuel Puig.. El emprendió una importante renovación en el género ficcional, por la multiplicación del espacio del discurso, donde confronta textos de la cultura popular y modelos desprestigiados ( boleros, tangos, guiones de películas, especialmente las norteamericanas) para desmitificar la literatura.
En 1971, en un artículo en O Estado de São Paulo, decíamos que la temática central de La traición de Rita Hayworth ( 1968) , su libro de estreno, como crítica del estilo de vida nacional argentino, era una de las más importantes contribuciones experimentales al mundo de la novela.(1) El tiempo confirmó esas observaciones. Reevaluando el melodrama y el folletín, Puig los transcendió. Se puede, de este modo, destacar su compromiso estético con el mito, ya que Puig se vale del folletín- discurso mítico constituído por una sociedad presa de los patrones ideológicos aun vigentes ( los valores del consumo y del poder de clase)- para intentar penetrar en la mitología pequeño burguesa. A través de ese modelo narrativo, soporte de la "palabra mítica" según Roland Barthes (2), se constituye el universo cursi de los personajes. Es indicativa la función de los elementos míticos presentes en la estructura del discurso: éstos apuntan hacia lo vacío de la existencia (social) de los personajes, cuya conciencia alienante es reificada por los medios de comunicación de masa.
De modo paradójico, las formas vehiculadoras de la "palabra mítica" demostrarán la imposibilidad de vivir auténticamente el mito en el presente, en la medida en que los personajes jamás vencerán la corrosión del tiempo y el inmovilismo cultural de que se resiente una sociedad dirigida por nociones prefijadas acerca de la moral, la religión y el sexo. En este punto debemos insistir en el papel ejercido por la mitología en el universo de la novela. La novela de vanguardia también constituye un "mito" para las capas ociosas de nuestra sociedad patronizada, en la cual el artista sucumbe al crear su mensaje apocalíptico, no incorporado a la vacuidad de las dime-novels producidas en serie por la industria cultural. øHasta qué punto se justificaría el grito angustiado de Samuel Becket, durante la lectura de su cuento- minuto, en la entrega del Premio Nobel de Literatura? Superando esta crisis, Manuel Puig utiliza el repertorio de los mitos modernos, enfatizando su mecánica en función de las exigencias que tiene la intención de despertar en su consumidor.
Los personajes de Puig viven en el ámbito de la utopía: véase, además de Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980) (3), la novela El beso de la mujer araña (1986) (4). La primera registra la relación del viejo sindicalista argentino Juan José Ramírez y del norteamericano Larry. Hay agresiones mutuas y ambos retoman el combate dialéctico entre dos concepciones del mundo en sus diálogos apócrifos. Empleados como catarsis, son verdaderos interrogatorios, en que los personajes traen a flote sus respectivos secretos, al mismo tiempo en que el padre emerge de su postración gracias al discurso fabulado del otro. Al final del proceso analítico, la constatación de Larry: "No soy su hijo". Ramírez muere en un hospital , y percibimos la clara decisión (obsesiva) de Larry en seguir la lucha sindicalista iniciada por Ramírez, ya que su fabulación y la identificación entre realidad e imaginación lo llevaron al encuentro de su propia verdad.
La acción consiste en tornar real esa quimera, sin embargo de la fábula que los personajes inventan y narran como verdad incuestionable. El placer de narrar los hace buscar en la ficción la resolución de su peripecia vital. Proclaman la victoria de la literatura, se entregan a ella, viviéndola y siendo transformados por ella, así como nosotros, lectores de esas páginas, en sus múltiples posibilidades.
En las novelas de Manuel Puig, el narrador es el creador mítico de un universo y se esconde detrás de un juego de máscaras vinculadas a los mitos de la cultura de masas. La transformación de la historia en mito aumenta lo factual de un conjunto de potencialidades que pueden ser activadas por la memoria. Los personajes, motivados por un deseo de cambio, se refugian en un mundo de sueños inspirados por los productos de la cultura de masas. Proponen modelos que imitan esperando asemejarlos y en su conciencia se proyectan las tensiones, los conflictos y los recuerdos. A Puig le interesaba el problema de "la opresión del medio ambiente sobre el individuo, la cuestión inconciente, el mundo de cárceles que llevamos sin saberlo". Al mito del paraíso perdido de la infancia se suma el espacio de felicidad proporcionado por el cine, en especial las películas de los años 30-40 que forman parte de los modelos pequeño burgueses. Puig asume una posición crítica en relación a ellos. Se procesa una relación entre esos productos y las propias acciones humanas subvertidas, puestas en crisis. Con esto, la obra pasa a tener como referente otros textos, para captar la realidad de forma globalizante. Esos lazos extratextuales se organizan en un sistema único y, separados de su contexto, se transforman en arte por la nueva significación que adquieren.(5) El narrador construye un montaje de diversos matrices y materiales narrativos - desde los géneros populares hasta el psicoanálisis - donde las relaciones mutuas crean nuevos efectos de sentido. El modo indirecto de narrar inscribe una multiplicidad de lenguajes. Sacados de sus contextos e insertados en la narrativa, esos extractos adquieren un coeficiente informativo debido a su extrañamiento. El cruce de distintos códigos contribuye para la polisemia y despersonaliza al autor.
La aparente heterogeneidad y la falta de causalidad ofrecida por el conjunto de textos, ordenados por yuxtaposición, manifiesta la presencia de múltiples narradores-personajes que anulan habilmente la mediatización del narrador impersonal y único cuya omnipotencia Puig siempre condenó.