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1983
Encontrada en su archivo de crítica periodística que recopilaba entrevistas como también trabajos de crítica académica, esta es una conversación sobre el estreno de su obra teatral EL BESO DE LA MUJER ARAÑA, periódicos argentinos como Clarín sacaron entrevistas como la que sigue:
PUIG HABLA DE SU ESTRENO
Conversación con R.B.
Buenos Aires, Clarín, sábado 6 de agosto
Ante el inminente estreno de El beso de la mujer araña, del novelista argentino Manuel Puig -con Pablo Alarcón y Osvaldo Tesser, dirigidos por Mario Morgan- Clarín tomó contacto telefónico con el escritor en su residencia de Río de Janeiro. No viene al estreno y descarta una radicación en la Argentina. Los motivos, en este reportaje, donde también habla de la pieza y la novela que le dio origen.
Pese a la voluntad de los productores del espectáculo -Carlos Perciavalle, Alberto González y Luis Amadori- el escritor Manuel Puig no asistirá al estreno de su obra El beso de la mujer araña, que con dirección de Mario Morgan y la interpretación de Pablo Alarcón y Osvaldo Tesse, sube a escena en el teatro Regina. Tratándose de un novelista argentino de fama mundial, consagrado con libros tales como La traición de Rita Hayworth, Boquitas pintadas, Pubis angelical, The Buenos Aires Affair y El beso de la mujer araña (adaptada luego por el autor al teatro) quisimos charlar con él. Lo llamamos a su domicilio de Río de Janeiro y éste fue su diálogo con Clarín:
-¿Por qué una ausencia tan prolongada de la Argentina? Te fuiste en 1973...
M.P.:-Me fui en aquel momento porque mi libro The Buenos Aires Affair provocó reacciones adversas, muy ingratas para mí. Tuve problemas de censura, amenazas telefónicas de la triple A, zozobras familiares. Me sentí muy mal y decidí poner distancia, al menos por un tiempo. Pero las cosas no mejoraron, el clima siguió enrarecido. Soy un escritor argentino que tuvo la suerte de ser publicado en diversos países donde se me trata magníficamente: era doloroso tener que dar explicaciones o sufrir persecuciones en la Argentina.
-Pese al tiempo transcurrido... ¿No volverás a fijar residencia aquí?
M.P.:-No. Porque aunque ahora parecen abrirse nuevas conductas y el país se asoma a un a cambio profundo que todos esperamos lo más positivo posible, yo ya armé mi residencia en Brasil. Cuesta desarmar todo -incluyendo la actitud interior- cuando uno ya se asentó, se radicó en determinada ciudad.
-¿Tampoco vendrás al estreno de tu obra?
M.P.:-Tampoco.
-¿La escribiste con una perspectiva argentina, esos personajes y esa situación nacieron en vos a partir de una realidad nuestra?
M.P.:-Desde luego. Cuando salí de la Argentina, ya tenía en la cabeza la idea del libro. Inclusive hice algunas entrevistas para documentarme acerca del problema de fondo. Ese diálogo entre un guerrillero y un homosexual es ficticio, pero lo originaron sentimientos que pasan por un meridiano argentino.
-Pero no se basa en hechos concretos...
M.P.:-No, es una reflexión sobre un problema general, no es una historia verídica. Los personajes tienen carnadura humana, es decir, podrían ser reales, pero la anécdota es ficción.
-¿Qué te impulsó a convertir la novela en pieza teatral?
M.P.:-No fue idea mía. En 1979, estando en Roma, el grupo escénico de Marco Mattollini me sugirió la versión teatral. Yo no quise hacerla y ellos la hicieron. La autoricé, se estrenó y tuvo éxito. Pero luego, al leerla detenidamente, comprobé que no era lo que yo hubiera hecho: no distorsionaba el contenido del libro original, pero no me conformó. Entonces, ya en Brasil, encaré yo mismo otra adaptación teatral, que se estrenó en España en 1981. Esta es la que ahora sube a escena en Buenos Aires.
-Existiendo una literatura latinoamericana que tiene contornos definidos... ¿Existe también un teatro en tales condiciones?
M.P.:-En principio, lo de una literatura latinoamericana bien definida es relativo. Se trata de una literatura que tiene cierto denominador común que pasa por la inquietud política, pero allí termina la conexión. No creo que tenga mucho que ver Julio Cortázar con Juan Rulfo, por ejemplo. En el teatro aún no se perciben resultados llamativos, es un género que todavía debe desarrollarse.
-¿Nostalgia confesable?
M.P.:-Las hay, claro. Ya te dije por qué me fui y por qué no vuelvo. Pero me gustaría, eso sí, pasar temporadas largas en la Argentina. Sobre todo, para tomar contacto con la vida de provincia: yo soy de General Villegas y me asalta cada tanto la curiosidad, la ansiedad por ver cómo están esos pueblecitos de la provincia de Buenos Aires, que tanta influencia tuvieron en mi obra. Quizá me decida y encare esos viajes transitorios. Por ahora, envío a través de Clarín un fuerte abrazo a todos los que estrenarán El beso de la mujer araña. Estaré allí, aunque no esté...
