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LEOPOLDO CEBRIAN
(PRADRE)
Cebrián, el arte de la mirada
El fotógrafo Cebrián constituye un caso insólito en el campo de la fotografía creativa y artística en nuestro país, pues no habiendo expuesto nunca sus obras, han tenido que transcurrir casi cincuenta anos para que aceptara que sus fotografías fueran exhibidas públicamente. Lamentablemente y después de tantos años, resulta irónico, aunque tremendamente fotográfico, pensar que su muerte haya acontecido en el mismo momento en el que autorizaba que sus imágenes fotográficas nacieran a los ojos de todos. Por fortuna, nos queda una extensa obra que nos permitirá vencer su muerte física con la mirada y la memoria que se encierran en todas y cada una de sus fotografías.
Aunque conocido por sus propuestas en el terreno de los audiovisuales, en donde configuró una nueva forma de mirar y promocionar la isla, la obra fotográfica que se expone, en esta su primera muestra, se orienta decididamente a presentar lo más personal e íntimo de todos sus trabajos, dando preferencia al descubrimiento de un trabajo creativo y artístico que el fotógrafo guardó celosamente durante 50 años.
Autodidacta y alejado de toda la estética salonista y concursística al uso en España, pero al tanto de la evolución del medio que se producía tanto fuera como dentro de nuestro país, su obra fotográfica comienza a tomar cuerpo en los años cincuenta para intensificarse en las décadas siguientes. Su fotografía aparece dotada de un humanismo positivo y de un estilo documentalista con fines de expresión personal, en la que, junto al dominio del medio y de la luz, destaca el marcado carácter de realismo poético y social que impregna a gran parte de su producción, orientándose a recoger y plasmar en imágenes, todo aquello que sus vivencias van constituyendo en su propio mundo. Un mundo, que sometido a interpretación, le ofrecerá la posibilidad de poner de manifiesto todo su caudal expresivo y estético.
Influido más por la experimentación con sus propios materiales e indagaciones formales que por el ejemplo de nadie, Cebrián vuelca en sus imágenes todas las experiencias de su vida, por ello, sus fotografías, aunque conteniendo elementos documentales evidentes, lo que verdaderamente describen es la propia personalidad de su autor, la personalidad de un fotógrafo dotado de una extraordinaria sensibilidad y capacidad para percibir y mirar su entorno, un entorno que se tornará universal al ponernos de manifiesto la fragilidad, la ternura y la soledad del ser humano.
La obra de Cebrián se constituye como el eslabón que enlaza la modernidad con la contemporaneidad fotográfica y artística de Cananas y, en esencia, representa un episodio, fundamental, de nuestra cultura.
Francisco González. Comisario de la Exposición.

 

LEOPOLDO CEBRIÁN
Leopoldo Cebrián Alonso, 1919 (Burgos)-1999 (Santa Cruz de Tenerife).
Hijo de una familia numerosa, después de la Guerra Civil española, se trasladó en 1946 a la isla de La Palma para trabajar en la Delegación de Abastos. A partir de 1949, ya de forma asidua y profesional, deja su trabajo de funcionario y se dedica a la fotografía de retrato, estudio, acontecimientos sociales, publicidad y reportajes en prensa. Tras once años de estancia en la isla de La Palma, en 1957 traslada su estudio a Burgos, pero apenas a transcurrido doce meses, en 1958, regresa de nuevo a las islas y se traslada a la de Tenerife a finales de ese mismo año.
En Tenerife/recorrerá toda su geografía física hasta el último de sus rincones y explorará todo el entorno social que se congrega en ella. Su fotografía, en los años 50 y 60, se orientará, decididamente, a documentar la naturaleza del ser humano y a expresar toda la poética que se encierra en la relación de éste consigo mismo y con el territorio y el paisaje que lo acogen.
A partir de 1965, Cebrián es ya ampliamente conocido en los círculos sociales y artísticos de la isla y se le requiere con frecuencia a colaborar en la difusión institucional del paisaje y de las costumbres de las islas, labor que le absorberá durante casi una veintena de años y que se verá jalonada de éxitos y reconocimientos, como el acontecido en 1975 en el Congreso de ASTA en Río de Janeiro, al concedérsele el Primer Premio Internacional al stand de Canarias con la puesta en escena, en pantallas múltiples, de uno de sus audiovisuales.
Cebrián nunca dejó la fotografía y durante los últimos años de su vida, se vio aquejado de una enfermedad, anímicamente muy dolorosa para un artista de la luz, que progresivamente le iba dejando sin vista. A pesar de todo, su coraje, su ambición, su empeño y su ingenio, al acoplar distintos equipos técnicos y ópticas que ampliaban extraordinariamente los negativos, le permitieron continuar trabajando en sus imágenes, hasta el mismo momento en el que le sobrevino su muerte.
"Retrato", 1952